KATHIA CÁRDENAS
PERIODISTA
¡Nos engañaron las revistas!
Nos engañaron las revistas. Tantas veces de leer que un cabello hermoso sería suficiente,
que el shampoo que olía a flores y esa crema que tanto brillo daba, supuestamente nos harían brillar.
Nos engañaron las revistas, diciendo que un maquillaje perfecto robaría corazones, que un labial rojo
asegura éxito, que una linda ropa te hace ser feliz.
Nos engañaron las novelas y los cuentos que decían que bastaba enamorarse, que bastaba apuntar,
luchar y que con sólo eso (y el labial rojo claro está) encontrarías al amor de tu vida. Quizás también
nos engañaron con eso de ¨el amor de tu vida¨, quizás en la vida uno no tiene un sólo amor o mejor
dicho, no debería tenerlo.
Nos mintieron a decir que bastaba lucir bella y sentarse a esperar. Y que si además de eso tenías cerebro
serías irresistible.No nos dijeron que en definitiva si hay cosas inalcanzables, como el amor de ciertas personas. Uno no está obligado a amar nadie ni nadie a uno, eso se da, fluye y la mayoría de las veces se acaba. No nos dijeron que el amor tal como lo pintan dura unos meses y que luego se vuelve un reto de coraje, de perseverancia y madurez. No nos han dicho que para que el amor dure se requiere más que un rostro terso y una melena sedosa. Que es insistir, mejorar, cambiar, sacrificarse...los dos, los tres o la multitud implicada en ese intercambio de miradas, sonrisas, palabras y buenas vibras, que debería ser amar. Sí, porque el amor no es sólo de dos,¡ esa es otra gran mentira que nos dijeron! Muchas veces las muestras más puras de amor nos la han dado desconocidos, familiares, buen@s amig@s o hasta un perro.
No nos han dicho que valemos con o sin el labial rojo, con o sin alguien que nos lleve de la mano. No nos dijeron que puedes ser hermosa/o y aún así pasar desapercibida/o, ni que la gente tiene motivaciones y traumas diferentes que nos hacen a veces actuar como imbéciles.
Ojalá hubiésemos leído menos revistas y menos novelas , series o fábulas de Disney, en su lugar hubiésemos pasado más tiempo conociendo a la gente real, esa que sufre, que luce hermosa a su manera.. quizás sabríamos que la vida es bastante corta como para pasar los días esperando que el labial rojo haga milagros. Pero leímos demasiadas revistas...

Perfectas pero imperfectas. La felicidad femenina y los cítricos.

Nos han obligado toda la vida a pasar buscando esa ¨media naranja¨. Como si no fuésemos capaces de ser seres completos, nos han hecho creer que sin la compañía y atención de otro, no podemos sentirnos plenas. ¿El resultado? Muchos ¨medios¨: personas medio amargadas, medio resignadas, medio felices.
Son muchas las ideas que nos han repetido y hemos adoptado inconscientemente como verdades absolutas, a veces contradictorias entre sí. Hay que obligatoriamente encontrar a ese príncipe azul y hay una edad máxima para encontrarlo, hay que aguantar todo lo que haga o diga porque lo peor que nos podría pasar es ¨perderlo¨, hay que ser perfectas en todos los ámbitos de la vida pero sino tenés a ese otro al lado sos fracasada y tenés que pasar todos los días avergonzándote en especial en reuniones familiares o de amigos ante la tortuosa pregunta de ¿¨tiene novio?¨
¿Tan bonita y sin novio? Sí, tan bonitas, inteligentes, proactivas, soñadoras, visionarias, comprometidas y con tanto para dar… y sin novio. Son muchos los casos, muchos más de los que uno esperaría, al menos en algún sector de la población. Las mujeres que ante los ojos de muchos en la época actual serían perfectas (profesionales, hermosas e independientes), se convierten ante sus propios ojos en sólo unas fracasadas. Principalmente porque no han podido encontrar lo que es su máximo objetivo, el anhelo fabricado por los demás y que se ha convertido en el propio, el medidor real del éxito para muchos: ese príncipe azul, la tan anhelada media naranja.
El solo nombre indica el por qué de su importancia en nuestras vidas: es la media que nos falta, el complemento. Sin esa media naranja estamos incompletas y gastamos gran parte de nuestra vida, de nuestras energías en encontrarla. Pero es una búsqueda activamente desgastante que a la vez debe ser pasiva. Además de esperar a que aparezca ese hombre ideal , uno debe esperar también ser la otra mitad mágicamente y luego esperar a que ese individuo se le ocurra ¨pulsearlo¨, todos esos rituales estipulados en el proceso llamado cortejo.¡ Dios guarde se le ocurra ser lanzada! ¡Eso no es de damas! ¡Pero tampoco puede pasar desapercibida! ¿Entonces? Resulta que mientras uno resuelve el enigma, aparece otra que ya lo tenía más que resuelto, con la minifalda más que recogida y la vergüenza bien guardada.
¿Y qué pasa si simplemente uno no encuentra a ese medio limón que ya por resignación busca? Pues amargarse y sentirse incompleta parece ser la opción de muchas. Lo cierto es que poco sentido tiene toda esta vieja teoría de la felicidad y los cítricos, si uno considera que los años se van más rápido de lo que quisiéramos, que existe mucho en qué enfocar las energías y ante todo que cada vez es más difícil, incluso estadísticamente, encontrar a ese hombre perfecto que además de guapo, inteligente y con plata, esté siempre disponible para ser romántico y complaciente todo el tiempo, con UNA mujer.
Deberían de enseñarnos que una NO necesita de nadie para ser completa. Una es completa así como es, es valiosa y hermosa por mucho más que por el adorno que puede llevar de la mano.Pero también debieron enseñarnos que una merece ser valorada, una merece que alguien la mire a los ojos y vea algo hermoso en ellos, que quiera compartir sus ideas locas, reir hasta llorar en los momentos buenos y llorar hasta no poder más, en los malos. Una merece que alguien disfrute escucharla hasta cansarlo y que aprecie sentir el friito de su cuerpo. Una merece una conversación inteligente y un rato de risas tontas, también. Una merece alguien que sea un poquito más feliz con uno y viceversa, pero que pueda ser feliz solo también. Una merece una buena compañía, una merece una naranja completa, con algunos huequitos igual que uno. Pero ante todo debieron meternos en la cabeza que todo eso uno lo MERECE, pero NO lo necesita. Y el que aparezca y quiera darnos un pedacito de sí o al que queramos darle uno del nuestro, será única y exclusivamente por una decisión propia de estar mejor, no de llenar un vacío que nos metieron en la cabeza.
Foto de: www.encontrarse.com
Ayer acariciabas, hoy abofeteas ¡Maldita brisa! Ningún lugar vuelve a tener el mismo aroma,
el mismo color, ni el mismo sabor una vez que se ha experimentado. Una vez que nuestros
propios sentidos lo hacen suyo y lo guardan en una cajita de la memoria, etiquetado
para siempre.
Era marzo, en ese lugar donde el sol te pega y luego la brisa acaricia tan suavemente que
adormece. Ella flotaba en su propia nube de seda y cada día se comía un ¨día menos¨.
Un día menos no un día más, era lo que tenía pero lo disfrutaba con gusto.
Los árboles ayer batían sus ramas como palmadas en la espalda. Por ratos eran palmas que chocaban alegremente, aplauso en los oídos, regocijo para los sueños. Hoy parecen batir sus ramas malvadamente, tan rápido que atemorizan. Parecen malvadas brujas que se burlan, risas que se escuchan al pasar.
Fantasmas revoloteando son los recuerdos y nada más frustrante que pegarle a una pared invisible. Seguir caminando, cerrar los ojos, autoconvencerse de que ya no hay nada, de que esos aplausos ya no se escuchan y de que la brisa hoy es malvada, hoy no acaricia y la cara roja e hinchada no es ningún premio. Y la burla de las ramas es mucho más que innecesaria. Pero por más que intente cerrar los ojos, los sentidos no se pausan… Ningún lugar vuelve a tener el mismo aroma, el mismo color, ni el mismo sabor una vez que se ha experimentado lo dulce o lo amargo.
Foto: Propia.
Hay que aceptarlo: a veces se está escribiendo la última letra antes del punto y final. La gente se cansa.
La repetición de puntos suspensivos indica algo claro: ya no hay más que decir.
Palabras que se repiten en una oración sin sentido, sin rima, sin signos de exclamación y ya ni siquiera con comas. Una sucesión de puntos es lo que se ve, alternados por letras que a veces formas palabras, separadas unas de otras, tan distantes que pierden su sentido. Si tan solo pudiese formarse algún verso, alguna frase. No tiene que ser siempre alegre, ni la mejor historia jamás contada, ¿pero acaso cuesta tanto formar una frase con sentido? No para un Nobel, sino para algo verdaderamente importante: vos y yo...
Estar desnudo es despojarse de aquello que nos protege, es quitar esa barrera queimpide sentir el
aire frío en los huesos.
Desnudarse es enfrentar uno a uno los miedos y empezar a aceptarse tal como uno es.
Es acabar con las excusas y enfrentar las miradas que pueden herir, que pueden acariciar.
Es darse cuenta de una vez por todas que de nada sirve el abrigo en un cuerpo frío, que es
mejor sentir la brisa y dejar que las palabras atraviesen el cuerpo como cuchillos.
Cuchillos que cortan las cintas que atan.
Ahí dejo mi ropa, tirada junto a la caja de recuerdos. Acá está todo lo que soy sin más adornos,
acá está todo lo que soy con sus defectos.
Cada cicatriz la asumo como tal, como testigo de lo que me ha llevado a ser quien soy.
Acá me tiene, sin ninguna barrera, sin ninguna falsa protección. Dispare tranquilo sus palabras, tire tranquilo sus miradas, que yo prefiero enfrentarlo así aunque duela más. Porque el dolor es bofetada que despierta.
Acá estoy desnuda del alma, dejando de lado las excusas, los miedos, los ¨tal vez¨; enfrentando la lluvia, el sol y el frío, solamente con la piel. Sintiendo, riendo, llorando, viviendo.
Desnudarse

